Artes Visuales Univalle

La visión de las artes desde la Universidad Pública

Convocatoria Muestra FAI - 2015


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Se viene la Muestra FAI 2015!

El Departamento de Artes Visuales y Estética DAVE – Univalle prepara el evento Muestra FAI 2015.

Invitamos a toda la comunidad a conocer este proyecto en su blog Muestra FAI – DAVE – Univalle.

Ya están publicadas las bases de la convocatoria Muestra FAI 2015.

Enlace en Facebook – Muestra FAI

Te invitamos a conocer y participar!!

Curaduria: Hernán Casas Arango.

Convocatoria Muestra FAI 2015

Julio Gallego


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Breve homenaje a la payada Uruguaya. Abel Soria y Julio Gallego.

Julio Gallego Abel SoriaEl profesor Hernán Casas que esta de viaje en el sur del continente Americano, desde allá me invitó a escuchar las payadas de Julio Gallego y Abel Soria y las payadas de  los cantautores argentinos.

Yo que no los conocía, me quede toda la madrugada oyendo las canciones, como agua fresca para el alma transmito  dos canciones para que otros que no los conocen puedan iniciarse o continuar también en el gaucho y la payada, siempre nueva, nuestra, nítida Sur Americana.

SALUDOS!

Las Mil Millas Orientales

Mi Hijo el Refinao

Thelonious Monk memoria artes univalle


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Thelonious Monk. Reseña-Galería-Video. En memoria

Thelonious Monk memoria artesunivalle

Thelonious Monk memoria artesunivalle.wordpress.com

Magnifico pianista y extraordinario compositor, Thelonious Monk, (1917-1982), se traslada desde Rocky Mount, la localidad donde nació, con su familia a New York con apenas tres años. A los cinco o seis años ya golpetea las teclas y a los once recibe lecciones de piano. De adolescente acompaña al órgano y al piano a su madre, que canta en una iglesia baptista, y a comienzos de los años 30 empieza a tocar en un local de su barrio como integrante de un trío. Tras ganar un concurso de aficionados al piano en el famoso Theatre Apollo de Harlem, realiza breves estudios en la “Julliard School” en 1939 y mas tarde se asocia con el baterista Kenny Clarke, que por entonces trabajaba establemente en el “Minton’s Playhouse” de Harlem, el club fundacional del Bebop años mas tarde. Casi al mismo tiempo, Kenny Clarke, le presenta a Bud Powell, pianista habitual de ese club y con el que establece una buena amistad.

Es precisamente al lado de estos músicos y junto con el saxofonista alto, Charlie Parker, el trompetista Dizzy Gillespie, y el guitarrista, Charlie Christian, con quienes inventa el nuevo sonido del jazz moderno y que todos conocemos como bebop. Las Jam Sessions del Minton’s son rápidamente anunciadas de boca en boca y todos los músicos importantes de New York y todos los aficionados al jazz, pasan por Harlem para oír a los jóvenes músicos que se atrevieron a dar por terminada la era del swing con el nacimiento de la nueva y revolucionaria música. En 1944, Monk, conoce a Coleman Hawkins, con quien toca en el Club Onyx de la Calle 52 y con el que graba sus primeros discos, que luego serían consideradas las primeras grabaciones oficiales del Bebop. Luego toca con el trompetista Cottie Williams y el saxofonista Skippy Williams y en 1946, con la Big Band de Dizzy Gillespie. En 1947 graba finalmente bajo su nombre, en combo y en trío, para el sello Blue Note una serie de discos extraordinarios y actúa en diferentes clubes hasta 1951. Fue su época dorada. En aquellos años, ya con un estilo pianístico conciso y perfecto, con una madurez estilística consolidada y con la creatividad a flor de piel, Thelonius nos dejó sus mejores composiciones, algunas de ellas, verdaderas obras maestras que se han convertido con el paso del tiempo en verdaderos estándares del jazz. Tres hay que destacar necesariamente, la bella “Round About Midnight”, su extraordinaria composición “Straigh No Chaser” y su clásico “Blue Monk”.

Pero desgraciadamente los buenos tiempos se le acabaron pronto y en 1951 es arrestado junto a Bud Powell por consumo de estupefacientes. Tras dos meses de cárcel le retiran el permiso de trabajo, lo que le impide actuar en los clubes de Nueva York hasta 1957. Fue casi una sentencia de muerte para su creatividad. En 1954, y tras una malísima racha económica solo superada por malísimos contratos mal pagados fuera de New York, y con una voluntad de hierro y arropado por su familia, no dejó nunca de componer ni de tocar el piano en su domicilio, hasta que en 1954, se cruzó en su vida la baronesa, Pannonica “Nica” de Koenigswarter, quien le ayuda económicamente hasta que le devuelven en 1957 el carné de músico. Nacido de nuevo para el jazz, Thelonious Monk, realiza una vuelta triunfal para tocar en el recién inaugurado club, Five Spot con John Coltrane y mas tarde, con Johnny Griffin y Roy Haynes. El éxito fue tan rotundo que el contrato se prolongó por espacio de seis meses y comenzaron las giras por Europa y Japón -donde ofrece en Tokyo, un concierto extraordinario- y actuaciones por doquier en conciertos y festivales. Incorpora a su grupo al saxofonista Charlie Rouse (1959-1970); alguna que otra vez actúa en Big Band y a partir de 1961 toca sobre todo en cuarteto. En 1971, tras una hospitalización, aceptó unirse a una gira europea del grupo “The Giants Of Jazz” junto a Dizzy Gillespie y Art Blakey entre otros. Finalmente grabó con Blakey y el bajista, Al McKibbon y también a piano solo, en una sola session en Londres tres magníficos álbumes que luego resultarían ser sus últimos discos.

En efecto, al año siguiente, en 1972, después de muy escasas apariciones, se retira y se encierra en el mutismo hasta su muerte en 1982. Sin dar explicaciones a nadie, debió decidir que estaba cansado y no volvió a parecer mas en publico. Los diez años que todavía vivió los pasó encerrado en su casa o temporalmente en casa de su protectora la baronesa “Nica”. Algunas visitas por su cumpleaños de sus amigos, especialmente Charlie Rouse, transcurrían en el silencio mas absoluto. Finalmente una hemorragia cerebral el 17 de febrero de 1982 puso fin a su vida en el Hospital de Englewood de New Jersey, pero no a su historia.

Thelonious Sphere Monk, sigue viviendo en su música.

Fuentes: 

www.apoloybaco.com/theloniusmonkbiografia.htm

El Gran Jazz. Ediciones Del Prado. Vol 3. Autor: Juan Claudio Cifuentes

Página Oficial:

www.monkinstitute.org

Compuesto por: Fabio Lopera para artesunivalle.wordpress.com | Departamento de Artes Visuales Universidad del Valle.

Por favor, escucha buena música.


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Yo quiero ver un tren. Tributo a Luis alberto Spinetta.

Yo quiero ver un tren. Tributo a Luis alberto Spinetta.

MTV Unplugged – 1997 (versión completa)

Spinetta-MTV 1997

Luis Alberto Spinetta en desconectado de MTV. 1997.

SPINETTA NOS HACE FALTA!!


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ENTREVISTA INÉDITA. Luis Alberto Spinetta: “Ese fuego que yo quiero en mi música generalmente me rompe el alma”

Hace diez años, Luis Alberto Spinetta recibió a una estudiante de periodismo de 18 años y le habló del amor, la música, la vida, las mujeres, los autos y el miedo a la muerte.

Por Julieta Aíortati

Spinetta iba a cenar al restaurante japonés de la calle Pasco, que queda a cincuenta metros del departamento de mis padres. Por fuera, el lugar pa­rece una casa de familia, no tiene car­teles y las ventanas esmeriladas impi­den espiar hacia adentro. Ahí suelen ir a comer directivos de empresas japo­nesas que llegan en sus camionetas con chofer. El Flaco iba una vez por semana en su Ford Fiesta. A veces llegaba con sus hijos, también fue con Carolina Peleritti, pero la mayoría de las veces iba solo, se sentaba a comer en la barra y hablaba con el dueño.

Me lo crucé varias veces. El encuen­tro duraba el tiempo que a los ojos le toma acomodarse a la oscuridad, y se metía rápido en su auto. Esas noches volvía a casa eufórica.

En ese momento, hace exactamente diez años, estaba por repetir el primer año de la facultad de periodismo y ne­cesitaba una entrevista que me salvara. Entonces le pedí a Sergio, el chico que cuidaba los autos en la entrada del res­taurante, que por favor le pidiera el te­léfono la próxima vez que lo viera. Un día llegué a casa y sobre la mesa había un papelito con un número de teléfono y el nombre: “Luis”.

Spinetta estaba viviendo solo en su estudio, La Diosa Salvaje, después de una mediática separación con Peleritti, y accedió a hablar conmigo, que era apenas una estudiante de dudoso talen­to y, para mi asombro, lo hizo con mayor facili­dad y franqueza que con la que lo haría frente a cualquier otro periodista de cualquier medio importante después de eso.

La cita fue a las tres de la tarde; ya había em­pezado la primavera, pero todavía hacía frío. Yo, que finalmente pasé de año, estaba tan nerviosa que lo primero que le dije fue: “Hola, Luis, nece­sito hacer pis. ¿Puedo pasar al baño?”. La tapa del inodoro tenía la forma de una guitarra.

AL DESNUDO Spinetta en 2001, retratado por Eduardo Martí para RS.

AL DESNUDO Spinetta en 2001, retratado por Eduardo Martí para RS.

Spinetta me pareció altísimo. Estaba vestido con un jogging y un gorro de polar en la cabeza, arrastraba los pies y, cada vez que sonaba el te­léfono, atendía diciendo: “Alitalia”.

La entrevista fue en el living del estu­dio, y duró un cásete y medio. A mitad de la charla, cuando di vuelta el virgen transparente, tuve miedo de que me di­jera ya está. Pero no, fue paciente y amo­roso. En esa época estaba terminando de grabar Para los árboles, y me contó que esa mañana había estado escuchan­do Joni Mitchell y D’Angelo.

En el lado A del cásete, la cinta em­pieza directamente con su voz diciendo: “Para continuar se necesita que todos nazcan y mueran, nazcan y mueran, nazcan y mueran”.

¿Cómo es eso?

Es un latir, entonces al latir, hay evi­dentemente un desenvolvimiento y una contracción. Los astrónomos dicen que, supuestamente, la galaxia se encogería en un inmenso agujero negro para vol­ver a explotar hacia fuera. No sé si el nacer y el morir son movimientos para­lelos. Describir la vida sería como des­cribir un mosquito intentando volar como un jet.

¿Te da miedo la muerte?

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LUIS ALBERTO SPINETTA 1950-2012 Una Especie de Magia

Ofrecemos el primero de varios artículos dedicados A Luis Alberto Spinetta, aparecidos en la revista Rolling Stones, Argentina, marzo 2012.

LUIS ALBERTO SPINETTA 1950-2012

Una especie de magia

El artista que inspiró a todo el rock nacional

Por Claudio KLeiman

UNO SABE QUE LO QUE QUEDA DESPUES DE LA MUERTE DE UN GRAN ARTISTA ES SU OBRA,

que de alguna forma sigue viviendo a través de ella. Lo que queda es eso: la obra.

Pero nosotros, los contemporáneos de Luis Alberto Spinetta, sabemos también que en un mundo crecientemente hostil y regido por las leyes de lo material como valor su­premo, hay seres especiales cuya sola existencia ayuda a embellecer la vida. Nuestras vidas. Y cuando esos seres ya no están, nos quedamos un poco más solos, más indefen­sos, más desprotegidos. Precisamente porque ellos contribuyeron a hacer del mundo un lugar un poco mejor, más habitable, más solidario, remando fieramente contra la corriente, elevando el espíritu del género humano.

Las canciones de Spinetta inspiraron a artistas, obreros, músicos, barrenderos, mar­ginales, médicos, panaderos, borrachos, poetas, ingenieros, amas de casa, enfermeras, físicos nucleares, mucamas, contadores, presidentes, seres de todas las razas y estratos sociales, de los más diversos andariveles de la vida.

En mi caso -y supongo que el mío no es tan diferente del de muchos- ese sentimien­to me sobrevino en contadas ocasiones. Sucedió con la muerte de John Lennon y con la de George Harrison. Y también con la de Norberto Napolitano, Pappo. Y sucedió -qué duda cabe- con la suya, el último 8 de febrero.

Entonces, recién entonces, cuando asumimos que sí, que esto es definitivamente una pálida, que nada va a volver a ser lo mismo, y que de ahora en más nos vamos a sentir un poco más solos, más desprotegidos, en nuestro tránsito por la vida, podemos empe­zar a consolarnos diciendo que sí, que lo más importante es la obra. Y que eso no muere, porque seguirá acompañándonos, inspirándonos, alegrándonos, a nosotros y también a los que vengan, que sin embargo tendrán que conformarse con apreciarla sin el com­plemento de las vivencias que generaba el hecho de estar presente en la misma época, en el mismo momento y lugar donde esa obra se producía.

Por todo eso, siento un poco de pudor de escribir sobre Luis. Embargado por la triste­za, he leído algunas de las cosas que se han publicado en estos días, principalmente en medios gráficos, y veo que -aunque casi todas, con la mejor intención y un dolor genui­no- hay un impulso por sacar a relucir el “momento Luis” que cada uno atesora entre sus recuerdos más preciados, o de formar frases -oportunas, ingeniosas y algunas incluso cercanas a lo brillante- con los títulos o versos de sus canciones. Confieso que me da un poco de cosa sumergirme en esa hoguera de las vani­dades a ver si mis encuentros con él fueron más o menos significativos, o si logro recortar mejor que otros una frase de un tema que se adecúe perfectamente a esta penosa situación. Lo digo en aras de la honestidad, sabiendo que de todas maneras ya estoy metido en esto. Y esto es nada menos que escribir sobre Luis Alberto Spinetta ahora que ya no está.

Retrato intimo de Luis Alberto Spinetta en 1969, año de su debut discográfico con Almendra.

Retrato intimo de Luis Alberto Spinetta en 1969, año de su debut discográfico con Almendra.

Tengo que decir que Spinetta estuvo muy pre­sente en dos de los acontecimientos que iban a definir mi vida, casi podría decir mi segundo y tercer nacimiento. Para empezar, en mi entrada en el rock nacional, como un adolescente des­lumhrado que descubría un nuevo universo. A mediados de 1969 comencé a asistir a recitales de rock, y los primeros conciertos a los que fui tuvieron como protagonista a Almendra: uno, en junio de ese año, fue el del ciclo Beat Baires en el teatro Coliseo, donde el Flaco estrenó “Mu­chacha” (ya conté mis recuerdos de ese día en la última Rolling Stone Interview de Spinetta, publicada en RS126); otro, en noviembre, duran­te el Festival Pinap -el primer festival masivo de rock al aire libre al que asistí-, en el que también Almendra fue número central. La foto que ocupa la contratapa del primer lp del grupo (¡una con­tratapa que, en lugar de los títulos de las cancio­nes, incluía unos extraños signos!), está tomada durante su actuación en ese festival. Creo que en todos los miles de shows que fui a ver desde en­tonces intenté revivir las sensaciones de esos con­ciertos inaugurales. Y no tuve éxito.

Hablando de ese increíble primer lp de Al­mendra, aparecido en el verano de 1969/70, al igual que el primero de Manal, ambos estuvie­ron entre los primeros discos que compré con mi propio dinero. Y si bien es necesario decir que había -al menos entre un grupo de inicia­dos- una sensación de expectativa, de estar ante un acontecimiento excepcional (como, por otra parte, se vivían casi todos los acontecimientos en esos tumultuosos días de fines de los años 60), pensaba que eran discos buenísimos que es­taban saliendo en ese momento, y que después vendrían otros iguales o mejores. Muy lejos es­taba de imaginarme que, más de cuarenta años después, cuando me preguntaran cuáles son los mejores discos del rock nacional, iba a seguir contestando: “El primero de Almendra y el pri­mero de Manal”.

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